Medalla de oro
20 de June de 2006 por borja

19 de June de 2006 por carlitos
19 de June de 2006 por monty
Se ve que un usuario de eBay llamado Tom compró un portátil en mal estado a otro usuario. Lamentablemente es algo que pasa con demasiada frecuencia, pero en este caso Tom, después de ver como eBay no hacía nada (como siempre), decidió vengarse.
Utilizó un programa para recuperar información de un disco duro borrado y se encontró entre otras cosas fotos del vendedor, fotos de amigos suyos, documentos personales y mucha, mucha pornografía…
¿Qué hizo Tom con todo esto? pues crear un blog.
The broken laptop i sold on ebay
Realmente humillante.
19 de June de 2006 por monty
La producción de Bollywood ha tomado tanta fuerza a nivel mundial que han sacado los Simpsons en versión paki.
18 de June de 2006 por borja
Joder, mirar a este super friki!!!

Si tenéis más fotos de peña como esta no dudéis en mandármelas.
16 de June de 2006 por carlitos
Todo empezó hace dos años en Tailandia. Había disparado una salva de liquimierda verde de chiles dentro de uno de esos agujeros que los asiáticos llaman “retretes”. Entonces noté una extraña sensación por dentro de mi esfínter que vino acompañada de una emisión de sangre de color rojo brillante.
Después de haber vivido en Asia durante seis meses, creí que había experimentado prácticamente todas las dolencias de colon conocidas por la humanidad: gusanos, quemazones, y diarreas impresionantes. Pero esto era algo completamente diferente. Era una sensación única, que ahora sé que era el desgarramiento de mi ano.
Bob acababa de presentárseme.
Al principio Bob no era tan malo. Un picor y una incomodidad ocasional; nada que no pudiese soportar. Un supositorio con olor a menta de vez en cuando parecía acabar con el problema.
Pero hace algo así como un año, mi cruel amo Bob empezó a exigir más y más de mí. Los picores de una intensidad que sólo se puede describir como “infernal” estaban a la orden del día. Tenía permanentemente una mancha marrón en mi dedo índice de tanto intentar rascarme el interior del colon a través de mi dolorido ano.
Había perdido completamente toda noción de decoro. A menudo andaba en público con una mano dentro de mis pantalones, con un dedo firmemente implantado, tratando de apaciguar a Bob el dios maligno. En mi tiempo libre soñaba con modificar algunas herramientas para acabar con la desquiciante picazón. Incluso llegué a comprar una lima.
Al final me fui a ver un médico. Rápidamente me diagnosticó hemorroides y me dejó marchar con una receta de Hemlubetm en dosis industriales. El doctor nunca llegó a ver a Bob, que se había escondido dentro de su madriguera al ver acercarse a su único enemigo natural, el practicante de medicina.
Esta visita sólo consiguió enfadar a Bob, que decidió aterrorizarme. Empecé a estar condicionado en contra de la defecación, de forma que sólo me podía acercar a la taza con un rechinar de dientes. Cuando el tubo de chocolate descendía, notaba cómo mi recto se rasgaba igual que la cortina del Tabernáculo. Bob se reía. Bob se reía.
Después de muchos meses pude encontrar una doctora que me ayudase. Ella hizo su diagnóstico con una linterna sujeta entre sus dientes. La había conocido en un bar y Bob fue atacado por sorpresa, no estaba esperando una inspección nocturna en mi comedor. “No es ningún problema,” me dijo.
Me pusieron en una lista de espera para exorcizar a Bob de mi parte más delicada. Mi cirujano me informó de que la forma más efectiva de tratar con Bob era un procedimiento llamado DILATACIÓN ANAL VIOLENTA. ¡No me lo estoy inventando! Nos anestesiarían a Bob y a mí, y después dilatarían mi culo hasta alcanzar un diámetro que jamás había experimentado. El mayor de mis temores era medio despertarme durante la operación y ver por el rabillo del ojo a algún médico abrochándose la bragueta.
Bob pareció resignarse a su destino, y empezó a comportarse con más calma. Pasamos una buena cantidad de tiempo cantando juntos y recordando los dos años que habíamos pasado acompañándonos. Hablamos de la vida que viene después de esta, y yo le apaciguaba con una dieta especial que contenía mucha avena.
Yo esperaba que Bob fuese valiente.
El hospital me mandó una medicina que tenía que tomarme la noche anterior a la operación. Consistía en una sobredosis de algún laxativo y dos supositorios del tamaño de una lavadora.
Al llegar la noche me tomé las píldoras y me metí uno de los agitadores de chorizos de intensidad industrial. Alrededor de las 10:00 de la mañana empecé a notar la necesidad, y a las 10:15 ya estaba sentado en mi trono disfrutando de la mayor evacuación de mi vida. Todo (y quiero decir TODO) lo que no era equipo originalmente mío se puso a correr alocadamente hacia la salida.
¿Suena divertido? Bueno, al principio lo fue. Pero entonces las cosas empezaron a complicarse.
Me había vaciado de pecho a espalda. “Ya está bien,” pensé. Las cosas se tranquilizaron, me di una ducha, y me fui a la cama.
Me desperté a las 4:00 y me metí el otro supositorio. Error. A las 5:00 estaba siendo víctima de unas horribles arcadas rectales. No me quedaba nada que cagar, pero mi colon estaba recibiendo una señal química que le ordenaba evacuar a toda costa. Lo que había empezado como diversión estaba convirtiéndose rápidamente en una pesadilla.
Llegué al hospital a las 9:00, y me recibió una enfermera que parecía pertenecer a la Federación Mundial de Lucha Libre. Le entregué mis pantalones y fui obsequiado no con uno, sino con dos enemas. Me explicó que habían mezclado alguna sustancia química para “ayudarme a limpiarme.”
Una vez más empecé a intentar desesperadamente el deshacerme del contenido de mi aparato digestivo, que había estado vacío desde la noche anterior. Estaba sentado en un retrete y mi esfínter se retorcía con fuerza para hacer pasar una mierda fantasma que tenía que estar allí. Empecé a tener unos dolorosos retortijones. Muy dolorosos. Durante la siguiente media hora pareció como si mi culo hubiese sido machacado cruelmente con un bate de béisbol.
Me llevaron a un quirófano donde conocí a uno de los pocos médicos del planeta que todavía no me habían metido su dedo en el culo. Me explicó que mi operación iba a ser retrasada una semana porque habían decidió hacer un análisis más.
Llegado este punto, creo que debería aclarar que soy un norteamericano viviendo en Finlandia. Sí, sé algo de finés, pero no estaba demasiado familiarizado con la jerga de los proctólogos finlandeses.
Si hubiese sabido qué es lo que iba a ocurrir, no me habría tumbado jamás sobre esa mesa. ¡EL ENDOSCOPIO! ¡AY! ¡No dejéis nunca que os hagan esto! ¡No importa lo que os digan! Da igual lo que insistan y supliquen, creedme, la muerte es preferible.
Lo que ocurrió es que un doctor metió una manguera con 60 centímetros de fibra óptica dentro de mis posaderas. Tenía un aparato para ver en un extremo, y un dispositivo para bombear aire dentro de mi colon en el otro extremo. Mientras manipulaba el tubo podía notar cómo el extremo interior se movía por todo mi colon. Podía imaginarme la luz brillante recorriendo el laberinto de esfínteres y válvulas. Me recordó una motocicleta de carreras con las luces encendidas atravesando el Túnel de Holanda.
El dolor cortante era intensísimo. En una ocasión sentí como si la cosa estuviese aplastando mis pulmones. Sin lugar a dudas noté que estaba intentando entrar a través de la puerta a mi estómago. Empecé a sudar copiosamente. El mundo empezó a girar. Tuve un par de arcadas, pero mi estómago no había nada que vomitar.
Así que allí estaba, tumbado en pelotas sobre una fría mesa de metal con un endoscopio metido en mi culo inflado con aire, cuando se me ocurrió un plan para vengarme. Apreté con todas mis fuerzas mi diafragma contra la cámara presurizada que era mi colon. Un tremendo pedo húmedo salió ruidosamente por alrededor de la manguera, acompañado del insoportable hedor a materia fecal. Una pequeña sonrisa apareció en mis labios. El doctor y la enfermera hicieron como si no hubiese ocurrido nada, pero unos segundos después sacaron el tubo de mi culo y la enfermera tuvo que limpiar mi culo manchado de liquimierda.
No hará falta decir que todos nos lo pasamos bien.
El día de mi operación pospuesta llegué al hospital de buen humor. Me mostraron mi cama y me dieron la batita de paciente con un botón en la espalda. A pesar de que la operación ocurriría a la una y media, me obligaron a cambiarme al principio de la mañana. Me imagino que es una indignidad obligatoria para humillar y degradar a los posibles camorristas.
Quizás se había corrido la voz de que yo había estado haciendo preguntas sobre la operación. ¿Qué clase de medicinas me iban a dar? ¿Mi doctor había hecho esto antes? Parece que al personal médico de por aquí no le gusta ser investigado por extranjeros con desgarros anales.
Hizo falta un montón de explicaciones tan sólo para conseguir que me dieran un video de la operación. Tuve que convencer a mi médico de cabecera para que lo solicitara él. (Después me han explicado que la mayoría de las operaciones se graban, pero que no suelen darle las cintas al público.)
Estaba dormitando en la cama cuando noté un dolor agudo en mi culo. Giré la cabeza y vi a una enorme mujer con aspecto de haber tenido una docena de hijos, que estaba armada con una bolsa para dar enemas. Presumiblemente, la causa de mi malestar era ella y su embudo de juergas. Tenía una técnica admirable: probablemente pensó que yo iba a estar dormido hiciese lo que hiciese, así que podía ser tan delicada como un elefante en celo. Bob empezó a pedir socorro mandándome ondas de dolor, y yo respondí gritando. Ella sonrió y, mientras me llenaba el culo de agua, me acarició la cabeza como si yo fuese un perrito faldero.
Miré alrededor y me di cuenta de que no estábamos solos en la habitación. A menos de 3 metros de mí había una mujer cubierta de varices con dos de sus hijas. Las tres estaban mirándome de reojo. Sonreí con la mejor mueca posible e intenté disfrutar la violación.
A la una apareció mi doctor para darme un poco de palique. Cuando extendió la mano para saludarme, lo primero que noté es que le temblaba la mano. Bueno, en realidad parecía más un tic. ¡De verdad!
“Hoooola”, dijo con una sonrisa pobremente finjida que descubrió sus grandes dientes amarillentos. “Heblo ingles macho malo”.
“Eh, hola”, tartamudeé. “Yo hablo un poco de finés; ¿por que no intentamos comunicarnos así?”
“Vale.”
Hablamos de lo típico, hasta que de repente dijo “te vamos a abrir un nuevo culo.” No, no me lo estoy inventando. Para entonces yo ya no estaba muy seguro de qué es lo que estaba ocurriendo a mi alrededor, y estaba considerando seriamente la posibilidad de levantarme e irme. Yo ya conocía a Bob, y era algo que podía entender. Pero este cirujano era algo diferente. Un desconocido con licencia para dilatar.
Me dio dos pastillitas blancas para tragar. “Que te relajan para”, dijo. ¡Bien, este tipo había empezado a hablar mi lenguaje! Quizás esto no fuese a ser tan malo después de todo. “Nos vimos en quilófano”, dijo, y se fue.
Empecé a sentirme un poco alegre, y entonces aparecieron dos asistentes. Cloqueaban por lo bajo en finés. Quien sabe de qué estarían hablando. Yo me limité a mover mi cabeza de un lado a otro estúpidamente. De todas formas no podría haberles respondido porque mi lengua se había quedado pegada a mi reseco paladar. Me metieron en una camilla y mientras me arrastraban iba contando el número de placas en el techo del pasillo.
Y por fin llegué a las dos grandes puertas del quirófano, donde me recibieron los otros, ya enfundados en sus batas verdes de operar. La escena parecía un intercambio de prisioneros en un puente durante la guerra fría. Los dos que me transportaron me desearon una feliz dilatación, le dieron mi fichero a los otros, y me dejaron solo con el equipo de expansionadores.
A todo esto, mientras entrábamos en la sala de operaciones, empecé a sentirme bastante inquieto. Mi lengua se había convertido en un trapo viscoso dentro de mi boca. Me subieron a la mesa de operaciones. El anestesista apareció y, sin decirme ni hola, empezó a dar golpecitos en mi antebrazo para encontrar una vena adecuada. Intenté saludarle pero lo único que salió de mi boca fue un horrible quejido.
Fui despojado de mi escasa vestimenta y me dejaron allí tumbado, solo y desnudo. Miré hacia abajo y contemplé con horror que mi pene y testículos se habían encogido y retirado dentro de mi abdomen. Quizás ellos lo habían visto antes que yo y estaban intentando avisarme, porque detrás de ellos estaba, en una bandeja de acero, el objeto de mis temores entre otros ingenios de extraña apariencia.
Era una especie de ariete anal.
De acero inoxidable, unos 30 centímetros de longitud, y con dos asas atornilladas. Parecía un termo con dos asas.
Para entonces, el anestesista ya había encontrado una vena. Todavía no había dicho nada, pero yo pude decirle “¿Que tal un válium para ir empezando?”
Me sorprendió hablando un inglés perfecto. “Aquí”, dijo, “toma esto”. Inyectó algo en una vena de mi brazo que inmediatamente hizo que me sintiese seguro y como si estuviese en casa. ¡Se habían acabado los problemas! Volví a mirar al invasor anal y me reí de él.
Mientras todo esto ocurría, las enfermeras estaban bastante ocupadas fijando unas barras de acero a los lados de la mesa de operaciones. Encima de estas barras habían unos bloques de plástico cuya forma sugería que estaban diseñados para albergar mis muslos: una variación más comprometedora de los apoyos que se usan para mirar a las mujeres. El video demostró que mi teoría era correcta. El anillo de mi culo sería pronto iluminado y expuesto, casi al nivel de los ojos de los portadores de la herramienta dilatadora.
El dilatador jefe apareció en el quirófano, haciéndole un gesto al anestesista. Éste inyectó en mi vena el contenido de una gran jeringuilla con algo dentro que parecía vaselina, y me dijo “nos vemos luego”. Intenté resistirme, tan sólo para ver si podía. Lo último que recuerdo es una irresistible cabezada.
Fue tan sólo después de la operación, al ver el video, cuando descubrí el horror que ocurrió a continuación.
Es extraño verte tirado sobre una fría mesa, con tu pene retraído, y quedándote inconsciente. Inmediatamente después de quedarme dormido, una enfermera pone una máscara de goma en mi cara. Dos ayudantes elevan mis muslos para ponerlos en los apoyos y me empujan hacia abajo de forma que mis tobillos se quedan doblados hacia mi cabeza. Una enfermera coge lo que queda de mis genitales y lo quita de enmedio, mientras otra me pinta apresuradamente el culo con desinfectante rojo.
El doctor no pierde el tiempo, y antes de que preguntes “¿se ha quedado ya dormido?” ha metido dos dedos dentro de mi culo. Palpa alrededor y le pega un empujón a mi próstata. Juro que eyaculo una carga de fluido encima de mi barriga, donde se queda descansando durante el resto de la operación. El doctor emite un gruñido de satisfacción y agarra el dilatador.
Las enfermeras usan una jeringuilla grande para chorrear algún lubricante sobre y alrededor de mi culo. Entonces el cirujano inserta la punta de la unidad dilatadora y empieza a girarla a un lado y a otro. Pronto consigue tener mi sufrido ano completamente dilatado. Y quiero decir dilatado. Ahí estoy, fuera de combate, con un termo de acero dentro de mi culo. Cada medio minuto el doctor le da una vuelta entera al monstruo.
Todo el mundo parece bastante aburrido, especialmente yo.
Después de una media hora de este procedimiento, el doctor saca el dilatador y METE SU MANO ENTERA DENTRO DE MI CULO. Esta es la mejor parte del video. Si te has tomado unas cuantas copas y lo miras de reojo, parece una película pornográfica realmente pervertida.
El doctor menea su cabeza con un gesto de satisfacción y las enfermeras se preparan a limpiar. Alguien tiene el detalle de limpiar mi lefotada de mi barriga. Otra persona recoge la sangre de mi culo.
Entonces me inyectan alguna otra cosa en el brazo y retiran la máscara de mi cara. Un enfermera me agita vigorosamente y mis ojos se abren vacilantemente. “¿Hemos acabado?”, pregunto con unos ojos increíblemente brillantes. Todo el mundo en el quirófano asiente. “¡He soñado!”, digo. “¡Jo, me siento estupendo!”
Se acaba el video.
Después de la operación, Bob ha seguido con su carácter habitual. De hecho, ha sido incluso peor de lo normal. Había estado esperando una muerte súbita, y cuando se despertó, creyendo que había sobrevivido a un intento de asesinato, estaba más cabreado y motivado que antes. Se sentía traicionado.
Pero ahora está por fin empezando a calmarse. La parte más dura de esta lenta estrangulación es que puedo sentir cómo muere. Gruñe y se queja como cualquier paciente terminal. Debo llevarle conmigo a todas partes. Somos como dos hermanos siameses. ¿Podré sobrevivir sin mi simbionte?
También hay noticias buenas, mi culo consiguió volver a tener unas dimensiones aceptables. De verdad que un culo es una máquina increíble.
Lo celebré todo con una pequeña fiesta el día de Navidad. Después de la cena pusimos el video. Pasaron veinte minutos antes de que alguno de los asistentes se diese cuenta de que la víctima era yo. Se debieron creer que era un documental sobre alguna tecnología moderna o algo así.
15 de June de 2006 por eugenio
Como se bañan las mujer:
1.. Te quitas la ropa y la colocas en la cesta de la ropa sucia según la tonalidad de los colores.
2.. Caminas hacia el baño con tu bata de baño. Si ves a tu novio/marido en el camino, te tapas bien el cuerpo y sales corriendo hacia el baño.
3.. Te paras frente al espejo y detallas tu físico. Sacas la barriga para poder quejarte mas de lo gorda que estas.
4.. Te metes en la bañera. Buscas el pañito para la cara, el pañito para los brazos, el de las piernas, el de la espalda y la piedra pómez.
5.. Te lavas el pelo con champú de aguacate/miel con 83 vitaminas.
6.. Te vuelves a lavar el pelo con champú de aguacate/miel con 83 vitaminas.
7.. Te echas acondicionador de pelo de aguacate/miel y te lo dejas por 15 min.
8.. Te lavas la cara con una mezcla de avena y melocotón durante 10 min. hasta que la cara se ponga roja.
9.. Te lavas el resto del cuerpo con jabón para el cuerpo de nueces y fresas.
10.. Te quitas el acondicionador del cuerpo. (Este proceso se lleva como 10 min. porque hay que estar seguro de quitarse todo el acondicionador)
11.. Te afeitas las axilas y las piernas. Consideras afeitarte el área del bikini, pero decides depilártelo.
12.. Gritas cuando tu novio/marido abre un grifo y pierdes presión en el agua.
13.. Apagas la ducha.
14.. Te escurres todas las partes mojadas dentro de la ducha.
15.. Te sales de la ducha y te secas con un paño del tamaño de África.
16.. Te pones un paño super absorbente en la cabeza.
17.. Te chequeas todo el cuerpo en busca de pecas/granos y los atacas con tus uñas o pinzas.
18.. Regresas a tu habitación con tu bata larga.
19.. Si ves a tu novio/marido en el camino te tapas toda y sales corriendo para la habitación y pasas una hora y media vistiéndote.
Como se bañan los hombre:
1.. Te quitas toda la ropa mientras estas sentado en la cama y la dejas tirada en el suelo.
2.. Te vas desnudo hasta el baño. Si ves a tu novia/esposa en el camino, le enseñas el cipote y haces un sonido como elefante.
3.. Te paras frente al espejo para ver tu físico. Metes la barriga. Te ves el tamaño del cipote en el espejo, te rascas las bolas y te hueles las manos por ultima vez antes de bañarte.
4.. Te metes en la ducha.
5.. No te preocupes por buscar los pañitos (tu no los usas).
6.. Te lavas la cara con jabón azul.
7.. Te cagas de la risa por lo alto que se oye cuando te tiras un peo dentro de la ducha.
8.. Te lavas tus partes privadas y alrededores.
10.. Te lavas el culo y dejas un poco de pelo en el jabón.
11.. Te lavas el pelo con cualquier champú. (no usas acondicionador)
12.. Te haces un peinado “PUNK”.
13.. Abres la cortina de la ducha para verte en el espejo el peinado.
14.. Te meas dentro de la ducha.
15.. Te quitas todo el champú y el jabón y te sales de inmediato de la ducha. No te das cuenta que todo el baño esta mojado porque dejaste la cortina por fuera de la ducha.
16.. Te medio secas.
17.. Te ves otra vez en el espejo. Sacas los músculos y te miras el tamaño del cipote.
18.. Dejas la cortina abierta y la alfombra del baño mojada.
19.. Dejas la luz del baño y el ventilador encendidos.
20.. Regresas a tu cuarto con un paño en la cintura. Si vez a tu novia/esposa en el camino te quitas el paño, le enseñas el cipote y vuelves a hacer un sonido como elefante.
21.. Tiras el paño mojado en la cama y te vistes en 2 min.