Chistes muy buenos: Historias Reales

Tratando de apaciguar a Bob

16 de June de 2006 por carlitos

Todo empezó hace dos años en Tailandia. Había disparado una salva de liquimierda verde de chiles dentro de uno de esos agujeros que los asiáticos llaman “retretes”. Entonces noté una extraña sensación por dentro de mi esfínter que vino acompañada de una emisión de sangre de color rojo brillante.

Después de haber vivido en Asia durante seis meses, creí que había experimentado prácticamente todas las dolencias de colon conocidas por la humanidad: gusanos, quemazones, y diarreas impresionantes. Pero esto era algo completamente diferente. Era una sensación única, que ahora sé que era el desgarramiento de mi ano.

Bob acababa de presentárseme.

Al principio Bob no era tan malo. Un picor y una incomodidad ocasional; nada que no pudiese soportar. Un supositorio con olor a menta de vez en cuando parecía acabar con el problema.

Pero hace algo así como un año, mi cruel amo Bob empezó a exigir más y más de mí. Los picores de una intensidad que sólo se puede describir como “infernal” estaban a la orden del día. Tenía permanentemente una mancha marrón en mi dedo índice de tanto intentar rascarme el interior del colon a través de mi dolorido ano.

Había perdido completamente toda noción de decoro. A menudo andaba en público con una mano dentro de mis pantalones, con un dedo firmemente implantado, tratando de apaciguar a Bob el dios maligno. En mi tiempo libre soñaba con modificar algunas herramientas para acabar con la desquiciante picazón. Incluso llegué a comprar una lima.

Al final me fui a ver un médico. Rápidamente me diagnosticó hemorroides y me dejó marchar con una receta de Hemlubetm en dosis industriales. El doctor nunca llegó a ver a Bob, que se había escondido dentro de su madriguera al ver acercarse a su único enemigo natural, el practicante de medicina.

Esta visita sólo consiguió enfadar a Bob, que decidió aterrorizarme. Empecé a estar condicionado en contra de la defecación, de forma que sólo me podía acercar a la taza con un rechinar de dientes. Cuando el tubo de chocolate descendía, notaba cómo mi recto se rasgaba igual que la cortina del Tabernáculo. Bob se reía. Bob se reía.

Después de muchos meses pude encontrar una doctora que me ayudase. Ella hizo su diagnóstico con una linterna sujeta entre sus dientes. La había conocido en un bar y Bob fue atacado por sorpresa, no estaba esperando una inspección nocturna en mi comedor. “No es ningún problema,” me dijo.

Me pusieron en una lista de espera para exorcizar a Bob de mi parte más delicada. Mi cirujano me informó de que la forma más efectiva de tratar con Bob era un procedimiento llamado DILATACIÓN ANAL VIOLENTA. ¡No me lo estoy inventando! Nos anestesiarían a Bob y a mí, y después dilatarían mi culo hasta alcanzar un diámetro que jamás había experimentado. El mayor de mis temores era medio despertarme durante la operación y ver por el rabillo del ojo a algún médico abrochándose la bragueta.

Bob pareció resignarse a su destino, y empezó a comportarse con más calma. Pasamos una buena cantidad de tiempo cantando juntos y recordando los dos años que habíamos pasado acompañándonos. Hablamos de la vida que viene después de esta, y yo le apaciguaba con una dieta especial que contenía mucha avena.

Yo esperaba que Bob fuese valiente.

El hospital me mandó una medicina que tenía que tomarme la noche anterior a la operación. Consistía en una sobredosis de algún laxativo y dos supositorios del tamaño de una lavadora.

Al llegar la noche me tomé las píldoras y me metí uno de los agitadores de chorizos de intensidad industrial. Alrededor de las 10:00 de la mañana empecé a notar la necesidad, y a las 10:15 ya estaba sentado en mi trono disfrutando de la mayor evacuación de mi vida. Todo (y quiero decir TODO) lo que no era equipo originalmente mío se puso a correr alocadamente hacia la salida.

¿Suena divertido? Bueno, al principio lo fue. Pero entonces las cosas empezaron a complicarse.

Me había vaciado de pecho a espalda. “Ya está bien,” pensé. Las cosas se tranquilizaron, me di una ducha, y me fui a la cama.
Me desperté a las 4:00 y me metí el otro supositorio. Error. A las 5:00 estaba siendo víctima de unas horribles arcadas rectales. No me quedaba nada que cagar, pero mi colon estaba recibiendo una señal química que le ordenaba evacuar a toda costa. Lo que había empezado como diversión estaba convirtiéndose rápidamente en una pesadilla.
Llegué al hospital a las 9:00, y me recibió una enfermera que parecía pertenecer a la Federación Mundial de Lucha Libre. Le entregué mis pantalones y fui obsequiado no con uno, sino con dos enemas. Me explicó que habían mezclado alguna sustancia química para “ayudarme a limpiarme.”

Una vez más empecé a intentar desesperadamente el deshacerme del contenido de mi aparato digestivo, que había estado vacío desde la noche anterior. Estaba sentado en un retrete y mi esfínter se retorcía con fuerza para hacer pasar una mierda fantasma que tenía que estar allí. Empecé a tener unos dolorosos retortijones. Muy dolorosos. Durante la siguiente media hora pareció como si mi culo hubiese sido machacado cruelmente con un bate de béisbol.

Me llevaron a un quirófano donde conocí a uno de los pocos médicos del planeta que todavía no me habían metido su dedo en el culo. Me explicó que mi operación iba a ser retrasada una semana porque habían decidió hacer un análisis más.

Llegado este punto, creo que debería aclarar que soy un norteamericano viviendo en Finlandia. Sí, sé algo de finés, pero no estaba demasiado familiarizado con la jerga de los proctólogos finlandeses.

Si hubiese sabido qué es lo que iba a ocurrir, no me habría tumbado jamás sobre esa mesa. ¡EL ENDOSCOPIO! ¡AY! ¡No dejéis nunca que os hagan esto! ¡No importa lo que os digan! Da igual lo que insistan y supliquen, creedme, la muerte es preferible.

Lo que ocurrió es que un doctor metió una manguera con 60 centímetros de fibra óptica dentro de mis posaderas. Tenía un aparato para ver en un extremo, y un dispositivo para bombear aire dentro de mi colon en el otro extremo. Mientras manipulaba el tubo podía notar cómo el extremo interior se movía por todo mi colon. Podía imaginarme la luz brillante recorriendo el laberinto de esfínteres y válvulas. Me recordó una motocicleta de carreras con las luces encendidas atravesando el Túnel de Holanda.

El dolor cortante era intensísimo. En una ocasión sentí como si la cosa estuviese aplastando mis pulmones. Sin lugar a dudas noté que estaba intentando entrar a través de la puerta a mi estómago. Empecé a sudar copiosamente. El mundo empezó a girar. Tuve un par de arcadas, pero mi estómago no había nada que vomitar.

Así que allí estaba, tumbado en pelotas sobre una fría mesa de metal con un endoscopio metido en mi culo inflado con aire, cuando se me ocurrió un plan para vengarme. Apreté con todas mis fuerzas mi diafragma contra la cámara presurizada que era mi colon. Un tremendo pedo húmedo salió ruidosamente por alrededor de la manguera, acompañado del insoportable hedor a materia fecal. Una pequeña sonrisa apareció en mis labios. El doctor y la enfermera hicieron como si no hubiese ocurrido nada, pero unos segundos después sacaron el tubo de mi culo y la enfermera tuvo que limpiar mi culo manchado de liquimierda.

No hará falta decir que todos nos lo pasamos bien.

El día de mi operación pospuesta llegué al hospital de buen humor. Me mostraron mi cama y me dieron la batita de paciente con un botón en la espalda. A pesar de que la operación ocurriría a la una y media, me obligaron a cambiarme al principio de la mañana. Me imagino que es una indignidad obligatoria para humillar y degradar a los posibles camorristas.

Quizás se había corrido la voz de que yo había estado haciendo preguntas sobre la operación. ¿Qué clase de medicinas me iban a dar? ¿Mi doctor había hecho esto antes? Parece que al personal médico de por aquí no le gusta ser investigado por extranjeros con desgarros anales.

Hizo falta un montón de explicaciones tan sólo para conseguir que me dieran un video de la operación. Tuve que convencer a mi médico de cabecera para que lo solicitara él. (Después me han explicado que la mayoría de las operaciones se graban, pero que no suelen darle las cintas al público.)

Estaba dormitando en la cama cuando noté un dolor agudo en mi culo. Giré la cabeza y vi a una enorme mujer con aspecto de haber tenido una docena de hijos, que estaba armada con una bolsa para dar enemas. Presumiblemente, la causa de mi malestar era ella y su embudo de juergas. Tenía una técnica admirable: probablemente pensó que yo iba a estar dormido hiciese lo que hiciese, así que podía ser tan delicada como un elefante en celo. Bob empezó a pedir socorro mandándome ondas de dolor, y yo respondí gritando. Ella sonrió y, mientras me llenaba el culo de agua, me acarició la cabeza como si yo fuese un perrito faldero.

Miré alrededor y me di cuenta de que no estábamos solos en la habitación. A menos de 3 metros de mí había una mujer cubierta de varices con dos de sus hijas. Las tres estaban mirándome de reojo. Sonreí con la mejor mueca posible e intenté disfrutar la violación.

A la una apareció mi doctor para darme un poco de palique. Cuando extendió la mano para saludarme, lo primero que noté es que le temblaba la mano. Bueno, en realidad parecía más un tic. ¡De verdad!
“Hoooola”, dijo con una sonrisa pobremente finjida que descubrió sus grandes dientes amarillentos. “Heblo ingles macho malo”.

“Eh, hola”, tartamudeé. “Yo hablo un poco de finés; ¿por que no intentamos comunicarnos así?”

“Vale.”

Hablamos de lo típico, hasta que de repente dijo “te vamos a abrir un nuevo culo.” No, no me lo estoy inventando. Para entonces yo ya no estaba muy seguro de qué es lo que estaba ocurriendo a mi alrededor, y estaba considerando seriamente la posibilidad de levantarme e irme. Yo ya conocía a Bob, y era algo que podía entender. Pero este cirujano era algo diferente. Un desconocido con licencia para dilatar.

Me dio dos pastillitas blancas para tragar. “Que te relajan para”, dijo. ¡Bien, este tipo había empezado a hablar mi lenguaje! Quizás esto no fuese a ser tan malo después de todo. “Nos vimos en quilófano”, dijo, y se fue.

Empecé a sentirme un poco alegre, y entonces aparecieron dos asistentes. Cloqueaban por lo bajo en finés. Quien sabe de qué estarían hablando. Yo me limité a mover mi cabeza de un lado a otro estúpidamente. De todas formas no podría haberles respondido porque mi lengua se había quedado pegada a mi reseco paladar. Me metieron en una camilla y mientras me arrastraban iba contando el número de placas en el techo del pasillo.

Y por fin llegué a las dos grandes puertas del quirófano, donde me recibieron los otros, ya enfundados en sus batas verdes de operar. La escena parecía un intercambio de prisioneros en un puente durante la guerra fría. Los dos que me transportaron me desearon una feliz dilatación, le dieron mi fichero a los otros, y me dejaron solo con el equipo de expansionadores.

A todo esto, mientras entrábamos en la sala de operaciones, empecé a sentirme bastante inquieto. Mi lengua se había convertido en un trapo viscoso dentro de mi boca. Me subieron a la mesa de operaciones. El anestesista apareció y, sin decirme ni hola, empezó a dar golpecitos en mi antebrazo para encontrar una vena adecuada. Intenté saludarle pero lo único que salió de mi boca fue un horrible quejido.

Fui despojado de mi escasa vestimenta y me dejaron allí tumbado, solo y desnudo. Miré hacia abajo y contemplé con horror que mi pene y testículos se habían encogido y retirado dentro de mi abdomen. Quizás ellos lo habían visto antes que yo y estaban intentando avisarme, porque detrás de ellos estaba, en una bandeja de acero, el objeto de mis temores entre otros ingenios de extraña apariencia.

Era una especie de ariete anal.

De acero inoxidable, unos 30 centímetros de longitud, y con dos asas atornilladas. Parecía un termo con dos asas.
Para entonces, el anestesista ya había encontrado una vena. Todavía no había dicho nada, pero yo pude decirle “¿Que tal un válium para ir empezando?”

Me sorprendió hablando un inglés perfecto. “Aquí”, dijo, “toma esto”. Inyectó algo en una vena de mi brazo que inmediatamente hizo que me sintiese seguro y como si estuviese en casa. ¡Se habían acabado los problemas! Volví a mirar al invasor anal y me reí de él.

Mientras todo esto ocurría, las enfermeras estaban bastante ocupadas fijando unas barras de acero a los lados de la mesa de operaciones. Encima de estas barras habían unos bloques de plástico cuya forma sugería que estaban diseñados para albergar mis muslos: una variación más comprometedora de los apoyos que se usan para mirar a las mujeres. El video demostró que mi teoría era correcta. El anillo de mi culo sería pronto iluminado y expuesto, casi al nivel de los ojos de los portadores de la herramienta dilatadora.

El dilatador jefe apareció en el quirófano, haciéndole un gesto al anestesista. Éste inyectó en mi vena el contenido de una gran jeringuilla con algo dentro que parecía vaselina, y me dijo “nos vemos luego”. Intenté resistirme, tan sólo para ver si podía. Lo último que recuerdo es una irresistible cabezada.

Fue tan sólo después de la operación, al ver el video, cuando descubrí el horror que ocurrió a continuación.

Es extraño verte tirado sobre una fría mesa, con tu pene retraído, y quedándote inconsciente. Inmediatamente después de quedarme dormido, una enfermera pone una máscara de goma en mi cara. Dos ayudantes elevan mis muslos para ponerlos en los apoyos y me empujan hacia abajo de forma que mis tobillos se quedan doblados hacia mi cabeza. Una enfermera coge lo que queda de mis genitales y lo quita de enmedio, mientras otra me pinta apresuradamente el culo con desinfectante rojo.

El doctor no pierde el tiempo, y antes de que preguntes “¿se ha quedado ya dormido?” ha metido dos dedos dentro de mi culo. Palpa alrededor y le pega un empujón a mi próstata. Juro que eyaculo una carga de fluido encima de mi barriga, donde se queda descansando durante el resto de la operación. El doctor emite un gruñido de satisfacción y agarra el dilatador.

Las enfermeras usan una jeringuilla grande para chorrear algún lubricante sobre y alrededor de mi culo. Entonces el cirujano inserta la punta de la unidad dilatadora y empieza a girarla a un lado y a otro. Pronto consigue tener mi sufrido ano completamente dilatado. Y quiero decir dilatado. Ahí estoy, fuera de combate, con un termo de acero dentro de mi culo. Cada medio minuto el doctor le da una vuelta entera al monstruo.

Todo el mundo parece bastante aburrido, especialmente yo.

Después de una media hora de este procedimiento, el doctor saca el dilatador y METE SU MANO ENTERA DENTRO DE MI CULO. Esta es la mejor parte del video. Si te has tomado unas cuantas copas y lo miras de reojo, parece una película pornográfica realmente pervertida.

El doctor menea su cabeza con un gesto de satisfacción y las enfermeras se preparan a limpiar. Alguien tiene el detalle de limpiar mi lefotada de mi barriga. Otra persona recoge la sangre de mi culo.

Entonces me inyectan alguna otra cosa en el brazo y retiran la máscara de mi cara. Un enfermera me agita vigorosamente y mis ojos se abren vacilantemente. “¿Hemos acabado?”, pregunto con unos ojos increíblemente brillantes. Todo el mundo en el quirófano asiente. “¡He soñado!”, digo. “¡Jo, me siento estupendo!”

Se acaba el video.

Después de la operación, Bob ha seguido con su carácter habitual. De hecho, ha sido incluso peor de lo normal. Había estado esperando una muerte súbita, y cuando se despertó, creyendo que había sobrevivido a un intento de asesinato, estaba más cabreado y motivado que antes. Se sentía traicionado.

Pero ahora está por fin empezando a calmarse. La parte más dura de esta lenta estrangulación es que puedo sentir cómo muere. Gruñe y se queja como cualquier paciente terminal. Debo llevarle conmigo a todas partes. Somos como dos hermanos siameses. ¿Podré sobrevivir sin mi simbionte?

También hay noticias buenas, mi culo consiguió volver a tener unas dimensiones aceptables. De verdad que un culo es una máquina increíble.
Lo celebré todo con una pequeña fiesta el día de Navidad. Después de la cena pusimos el video. Pasaron veinte minutos antes de que alguno de los asistentes se diese cuenta de que la víctima era yo. Se debieron creer que era un documental sobre alguna tecnología moderna o algo así.

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Informe de accidente laboral

09 de June de 2006 por carlitos

Un albañil tuvo un accidente de trabajo. Rellenó los papeles necesarios para cobrar el seguro. Sin embargo la empresa aseguradora no creyó el informe médico y le pidió más detalles de cómo sucedió ese accidente. Esta es la carta que les mandó el albañil (verídico):

Acababa yo de terminar un trabajo en el sexto piso de un edificio en construcción y me habían sobrado unos doscientos cincuenta kilos de ladrillos. En de cargarlos hasta la planta baja, a mano, decidí colocarlos en un barril y bajarlos con la ayuda de una roldana que felizmente se hallaba fijada en una viga en el techo del sexto piso.

Bajé hasta la planta baja, até el barril con una soga y, con la ayuda de la roldana, lo levanté hasta el sexto piso, atando el extremo de la soga a una columna de la planta baja. Seguidamente subí al sexto piso y cargué todos los ladrillos en el barril.
Volví a la planta baja, desaté la soga y la agarré con fuerza de modo que los doscientos cincuenta kilos de ladrillos, bajasen suavemente. Debo indicar que en el número uno de mi declaración a la policía he indicado que mi peso corporal es de ochenta kilos.

Sorpresivamente mis pies se separaron del suelo y comencé a ascender rápidamente arrastrado por la soga. Debido al susto perdí mi presencia de ánimo, es decir, quedé sin consciente e irreflexivamente me aferré más aún a la soga mientras ascendía a gran velocidad. En las proximidades del tercer piso me encontré con el barril que bajaba a una velocidad aproximadamente similar a la de mi subida y, llegados a este punto del tercer piso me fue imposible evitar el choque. Creo que allí fue donde se produjo precisamente la fractura del cráneo.

Continué subiendo agarrado a la soga hasta que mis dedos se engancharon dentro de la roldana, lo que provocó la detención inmediata de mí subida y también las quebraduras múltiples que padezco de los dedos y de la muñeca. A esta altura de los acontecimientos yo ya había recuperado mi presencia de espíritu y, pese a los dolores, continué aferrado a la cuerda. Pero fue en ese instante que el barril chocó contra el piso, su fondo se partió y todos los ladrillos se desparramaron, es decir, si aplicamos la lógica el barril pesaba aproximadamente veinticinco kilos y, debido a un principio simplísimo comencé a descender rápidamente hacia la planta baja. Aproximadamente y, de nuevo, al pasar por el tercer piso me encontré con el barril vacío que subía. En el choque que sobrevino, estoy casi seguro que se produjeron las fracturas de tobillos y de la nariz. Este choque felizmente hay que decirlo, disminuyó la velocidad de mi caída, de manera que cuando aterricé sobre la montaña de ladrillos solo me quebré tres vértebras.

Lamento sin embargo informaros que cuando me encontraba caído encima de los ladrillos con dolores insoportables, sin poder moverme y viendo encima de mí el barril, perdí nuevamente mi presencia de espíritu y, claro, solté la soga.
Debido a que el barril pesaba más que la cuerda, este descendió rápidamente y cayó sobre mis piernas quebrándose las dos tibias.

Y esperando haber aclarado definitivamente las causas y desarrollo de los acontecimientos, me despido atentamente.

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Cloruro sódico

02 de June de 2006 por eugenio

Esta vez un concurso radiofónico de preguntas y respuestas. Empieza el locutor:

- Buenos días, señora. Voy a hacerle una pregunta muy sencilla. ¿Qué es el cloruro sódico? (Es la sal).

- Pues no lo sé. Déme una pista.

- Lo tiene usted en la cocina.

- Aceite.

- No. Mire, es blanco.

- La harina.

- No. Lo siento.

- Ande, déme otra pista.

- Bueno, se lo echa a su marido en los huevos.

- Los polvos de talco.

Por supuesto hubo un corte de 5 minutos de música y una amonestación al locutor por soltar una carcajada tan bestial.

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El primer hombre

02 de June de 2006 por eugenio

En un concurso televisivo:

- Dígame, señora, por 200 euros ¿Quién fue el primer hombre?

- Eso no se lo digo yo, ¡ni por un millón!

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Le ha tocado una bicicleta

02 de June de 2006 por eugenio

No sé si os acordareis del programa que presentaba Carmen Sevilla… …sí ese que se llamaba TELE-CUPÓN.

- ¡Has ganado una bicicleta!

- ¿Me la podías cambiar por otra cosa?

- ¿Por qué motivo?

- Porque soy parapléjico.

- ¡Ele! ¡Bonita profesión!

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Respuestas de exámenes

31 de May de 2006 por carlitos

Los cuatro Evangelistas: los cuatro evangelistas eran 3, San Pedro y San Pablo.

La catedral de León: fue construida por los romanos gracias a un arquitecto americano.

Formación de las cordilleras: las montañas no se forman en uno o dos días, tardan mucho tiempo en formarse.

¿Qué es la atmósfera?: la atmósfera es el sitio donde se encuentran los procesos atmosféricos como las nubes. En esta parte se producen los rayos sísmicos, que son aquellos que producen los terremotos y el temblamiento de tierra.

Movimientos del corazón: de rotación alrededor de sí mismo y de traslación alrededor del cuerpo.

Círculo: es una línea pegada por los dos extremos formando un redondel.

Averiguar si es primo el número 2639: para mí que este número es primo porque no hay ningún número que dividido por este número que es 2639 nos de exacto. Si usted ve que está mal lo corrija.

Primera ley de Mendel: Mendel era un hombre que durante toda su vida se dedico al cruce de las plantas. De sus experiencias hizo un libro pero lo publican en una encuadernación mala y la gente no se enteró.
Después de Mendel dos personas descubrieron lo mismo que él sin saberlo y vieron que habían perdido el tiempo inútilmente.

Etapas más importantes en la evolución del hombre: sobre el año 570 se cree en la primera aparición del Homo sapiens. A partir del 570 y hasta el 1200 el Homohabilis. A partir del 1200 y hasta aproximadamente el 1700 el Homohabilis y después, hombres normales.

El anarquismo: es una ideología racional y astringente.

Marco Polo: fue un descubridor cartaginés que pretendía descubrir América; que lo consiguió.

Acueductos: eran para transportar el agua de un extremo a otro en vez de ir cargando con los cubos.

Los marginados: viven en la calle, no tienen dinero y no posee priviligios como es ovio.

La nobleza: no podían ser de ella si no tenían sangre y no eran de familia de ese grupo.

Una de posesiones: en las tierras del noble se uvicaba la casa del señor, el molino, la tostadora del pan, etc…

Medir el segundo verso escrito en la pizarra: en el encerado unos 75 centímetros, en el papel más o menos una cuarta (lo digo aproximadamente porque no me he traído el metro).

Esqueleto de la pantorrilla: esta formado por el hueso más largo del cuerpo, que es el fémur que va desde el omoplato hasta la rótula.

El cerebro: las ideas, después de hablar se van al cerebro.

Aves prensoras: son las aves que viven en las “prensas”, sitios donde hay mucho agua. Tienen bonitos coloridos, como el cuervo. Ejemplo de gallinacea que no sea la gallina: el pollo.

Depuración del agua: se hace por los rayos ultraviolentos.

Movimientos del corazón: el corazón siempre está en movimiento, sólo esta parado en los cadáveres.

Anfibios: la rana tiene una hendidura cloacal, por la cual lanza el típico sonido “cloac, cloac”.

Volcanes: en Mallorca está el Teide. El agua de mar se solidifica y sale por el cráter.

Ejemplo de parásito interno: las vísceras.

Productos volcánicos: las bombas atómicas.

¿Cómo se llaman los habitantes de Ceuta?: Centauros.

Las algas: son animales con caracteres de vegetales.

Antibióticos: el alcohol, el algodón y agua oxigenada.

Glaciares: pueden ser por erosión y por defunción.

Moisés y los israelitas: los israelitas en el desierto se alimentaban de patriarcas.

La soberbia: es un apetito desordenado de comer y beber, que se corrige practicando la lujuria.

Que río pasa por Viena: el Vesubio Azul.

Fases de la luna: luna llena, luna nueva y menos cuarto.

Geografía: en Holanda, de cada cuatro habitantes, uno es vaca.

Afluentes del Duero por la derecha: son los mismos que por la izquierda.

Fe: es lo que nos da Dios para poder entender a los curas.

El hombre primitivo: se vestía de pieles y se refugiaba en las tabernas.

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