Chistes muy buenos: Historias Reales

  • Página 1 de 2
  • 1
  • 2
  • >

Gente con la que no te quieres cruzar

26 de August de 2008 por carlitos

Aquí os pongo una recopilación de gente con la que no os gustaría cruzaros por la calle y ni mucho menos tener contacto alguno.

En alguna ocasión seguro que se ha comido a algun niño

No conoce dónde está el límite entre ser divertido y pasarse.

Sin comentarios…

Espero que esto no sea de verdad…

…ni esto.

1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas ¡CLIC EN LAS ESTRELLAS PARA VOTAR! (7 votos, 4.14 sobre 5)
Loading ... Loading ...

Niños que no quieres tener

13 de August de 2008 por borja

Yo me lo pensaría dos veces antes de reñir a estos niños…

1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas ¡CLIC EN LAS ESTRELLAS PARA VOTAR! (9 votos, 3.78 sobre 5)
Loading ... Loading ...

La vida es cuestión de prioridades

01 de July de 2008 por monty

Como alguien dijo una vez: la vida es cuestión de prioridades.

1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas ¡CLIC EN LAS ESTRELLAS PARA VOTAR! (12 votos, 3.83 sobre 5)
Loading ... Loading ...

Fotos de borrachos en las que no quieres estar

21 de June de 2008 por borja

Mi intención con esta recopilación, no es que os quedéis con la imágen de una panda de borrachos acabados, si no que me gustaría que apreciaráis el arte que se esconde en cada una de estas fotos.

¿Lo que lleva en los ojos qué es? ¿Platano?

Estilo punk, con palillos en la cabeza…

Me gusta el estilo de sus pintadas, tipo puerta de baño de instituto

Se habrán hechado unas buenas risas con este…

1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas ¡CLIC EN LAS ESTRELLAS PARA VOTAR! (8 votos, 4.5 sobre 5)
Loading ... Loading ...

¿Cómo me lo monto con el perro?

02 de July de 2006 por eugenio

El tema es el siguiente: Una chica coloca en un foro la pregunta de ¿cómo hacérselo con el perro?, la gente escandalizada le responde un montón de cosas…
Esta es la pregunta principal de la tía:

“Alguna vez me lo ha comido y me he excitado un mogollón y he pensado hacerlo con él, pero pasar a “mallores” me da miedo. Quisiera la opinión y el consejo de alguien experto. Muchas gracias.”

Os aseguro que no tiene desperdicio. Leerlos todos aunque parezca un poco largo que poco a poco se empieza a calentar el ambiente…

De: nene
Asunto: RE: COMO ME LO MONTO CON EL PERRO?
Pues para montártelo con un perro tienes que estar bastante desesperada y ser un callo malayo. Yo te diría que te metieses un pepino, también es natural pero te causará menos problemas, porque tengo entendido que los perros cuando eyaculan se les hincha la polla y tardan bastante tiempo en bajarse, con lo que es imposible sacarla de tu coño.
Tiene que molar ir al medico con el perro enganchado. Hazte un dedo joder, o busca un tío que sea perro, que hay a montones.

De: Rodriguez de la Fuente
Asunto: RE: COMO ME LO MONTO CON EL PERRO?
Así te meta un bocao que te coma medio chichi, tía guarra. Hace falta ser degenerado para hacérselo con un perro. Búscate un novio, coño y deja en paz al pobre chucho.

De: May
Asunto: RE: COMO ME LO MONTO CON EL PERRO?
Móntatelo con un burro que la tiene más larga.

De: Cris
Asunto: RE: COMO ME LO MONTO CON EL PERRO?
Sólo tienes que empezar a masturbarle mientras te masturbas tú. Tu propio olor junto con tu masturbación le va a poner como loco. Y luego te pones a 4 patas y le dejas hacerlo todo a él. Verás la potencia que tiene y cómo te llena. Haz lo delante de un espejo para ver cómo te folla. Eso es lo más.
Un consejo, ponle algo en las patas delanteras para que no te haga daño con las uñas, porque se excitan tanto que te pueden arañar. Yo le pongo unos guantes míos, el problema es que ahora con sólo verlos ya se pone como loco porque cree que le voy a dejar follarme.
Una vez lo que hice fue masturbarme delante de él con los guantes, con él atado mirándome. Luego le dejé olerlos mientras le masturbaba, porque se había puesto como loco de excitado con la doble excitación de ver los guantes, verme masturbándome y luego masturbarle yo a él para que no siguiera sufriendo. En fin, hay muchas maneras de montártelo con tu perro.
Y paso de lo que puedan decirme. Cada cual se lo monta como quiere con su cuerpo, y a mí mis orgasmos no me los quita nadie.

De: nene
Asunto: RE: ¿¿¿se la habéis chupado???
Vaya par de abortos que tenéis que ser, CERDAS.

De: Cris
Asunto: RE: COMO ME LO MONTO CON EL PERRO?
Yo tengo un pastor alsaciano. Me encanta sentir su pelo sobre mí, y oír el sonido de su cuerpo contra mi culito mientras me penetra a toda velocidad. Además, por muchas veces que me corra, él sigue follándome, y eso me encanta. De hecho de solo recordarlo ya me están entrando ganas de hacerlo, pero no puedo porque no estoy sola en casa. Igual lo que hago es ponerme los guantes y masturbarle y luego yo, sin quitármelos, con su semen en ellos. Me encanta y me estoy poniendo mala solo de pensarlo…

De: Anuska
Asunto: RE: COMO ME LO MONTO CON EL PERRO?
Tú nunca has masturbado a un perro. A los perros se les hace distinto que a los tíos. A los tíos, mueves tú la mano. Con los perros, tienes que cogérsela y dejar que se mueva él, porque es mucho más rápido bombeando que un hombre. Yo es que se de eterinaria, no es que me dedique a esto.

De: Lecuri ous
Asunto: RE: COMO ME LO MONTO CON EL PERRO?
Anuska, mamporrera de mis amores… ¿cuándo puedo ir a tu consulta para un trabajito manual de esos?

De: Coto Matamoros
Asunto: RE: COMO ME LO MONTO CON EL PERRO?
Esto es vicio y lo demás es Blancanieves… Pero tía, ¿¿¿tan desesperada estás que te lo tienes que montar con un saco de pulgas??? A mi sólo me gustan de los animales las hembras y de dos patas… Que os divirtáis con vuestros chuchos, que yo prefiero las mujeres (a ser posible las que estén buenas, jejejeje).

De: pues10 (XD )
Asunto: RE: COMO ME LO MONTO CON EL PERRO?
¿Cómo puedes ser tan guarra? Tú eres una guarra de puta madre. ¿Por qué no te metes los conos de las autopistas? Fijo que te cunden más que el pobre perro. Tienes que tener el coño más grande que un tunel, guarra.

De: jose
Asunto: RE: COMO ME LO MONTO CON EL PERRO?
Para Marisa: Mira Marisa es que me parto el culo de imaginarte follándote a un pastor alsaciano, ja,ja,ja. Seguro que tú en vez de tener en tu habitación un póster de Brad Pit o alguno de esos, tienes a Scooby Doo, hija de perra.

De: tu padre
Asunto: RE: COMO ME LO MONTO CON EL PERRO?
Pasar a mallores …. Se escribe mayores. MAYORES ¿entiendes?.
Claro que lo quieres hacer con el perro. Encuentras su inteligencia más cercana a la tuya. PORQUE QUIEN NO SABE HACER ALGO TAN SENCILLO COMO ESCRIBIR BIEN TIENE QUE SER MUY, PERO QUE MUY MERMADO.

De: El perro
Asunto: RE: COMO ME LO MONTO CON EL PERRO?
Dejadla, cabrones, a vosotros qué pollas os importa que me folle? Ella se lo pasa bien, y yo disfruto como un perro, bacalao del rico a diario, guau hijos de puta? Envidiosos.

De: el padre del perro
Asunto: RE: COMO ME LO MONTO CON EL PERRO?
A mi niña y a mi yerno Lassie lo dejais en paz eehh, cada uno que se lo monte como quiera.

De: fer
Asunto: RE: COMO ME LO MONTO CON EL PERRO?
Buff… ¿Tanto os aburrís que tenéis que poner polladas de este estilo….?
Joder, mira que follarse a un perro… Coño, que un día os va a pasar algo…

De: Cris
Asunto: Vaya revuelo
Vaya, ja ja ja, no esperaba que esto pudiera causar tanto revuelo.
Veo que en general sois unos estrechos de mente. Me trae sin cuidado lo que podáis pensar sobre lo que haga o no a mi perro. Lo que tengo muy claro es que daño no le hago. Peor sería castrarle, así por lo menos tiene una manera de desahogarse, y además una manera que a mí me encanta. Por otra parte tampoco es que me folle todos los días.
Sólo lo he hecho alguna vez. Lo que sí que hago es masturbarle bastante a menudo, sobre todo si se cruza con una perra con el celo, porque entonces se pone muy nervioso el pobre, y peor sería dejarle que pringara cualquier sillón, o la pierna de algún invitado. Ah, y por cierto, a la listilla que dice que los perros bombean más rápido que los tíos (si lo sabré yo) cuando le hago pajas no me hace falta mover la mano, ni dije en ningún momento que lo hiciera. Se frota contra mis guantes como un loco y con eso le basta.
Lo único que me hace falta es tocarle un poco antes, aunque como ya dije últimamente le basta con verme con los guantes para creerse que se lo voy a hacer. No sé qué voy a hacer cuando llegue el frío, ja ja ja. Para las puritanas: tengo otros que no uso con él.

De: Preocupado
Asunto: RE: Vaya revuelo
Tú que eres tan abierta de mente, me imagino, que cuando te lo vayas a hacer con un tío, primero le avisarás de que te lo montas con el perro, más que nada para que él también pueda elegir que enfermedad desea tener…

De: pandora
Asunto: follar con perros?
Me dais todas un asco que no he podido evitar decíroslo. Os metía a todas en un barracón lleno de lobos pulgosos y sarnosos, y después de dejar que os follaran durante una semana os rociaba con salsa bearnesa para que vuestros caninos amantes os devoraran vivas, a ver si con eso teníais una corrida de MUERTE. Sucias putas del averno!!! Lo peor es que después de que os dejáis follar por un perro y restregaros su semen, seguro que luego no queréis ni chupársela a vuestro novio, con el cuento de siempre…Si es que sois más putas…!!!!

De: EL QUE TE LA VA A CLAVAR, ZORRA
Asunto: NO TENEIS NI IDEA
A ver, a la que quiere y a la que ya se lo monta con su perrito yo le aconsejaría lo siguiente: Si quiere hacerlo con un animal porque “bombea” mucho más rápido, móntatelo con un rinoceronte. Es la leche, a parte de bombear por todos los sitios, te puede meter el cuerno por el culo que te dará un gusto de la hostia. Lo del tema de usar un guante para que no arañe es una mariconada. Lo que se lleva ahora es que hagas el pino contra la pared y así, el perrito, al oler el olor a pino podrido de tu enorme culo se clava como Spiderman en la pared y te taladra de la leche. Sin arañazos.
Si realmente quieres probar lo último de lo último, ahora que llegan las Navidades, lo mejor es que vayas a la Puerta del Sol, te subas a un balcón y te tires en pelotas y con las piernas abiertas contra el árbol de Navidad. Además de disfrutar como una zorra, nos decorarás el arbolito de forma muy curiosa. Si además te tiras con todo el equipo completo (rinoceronte, perro y guantes de semen) mucho mejor. Según te tires, intenta meneársela al perrito. Ya verás como la puta de tu madre y el cabestro de tu padre también se animan.

De: gomaespuma
Asunto: dales fuerte…
Di que si Cris, ellos no saben lo que se pierden. Yo también me lo hago con mi hámster, lo único que hay que hacer es rodearlo bien de cinta aislante para que no reviente cuando se la meto.

De: Tuputamadre.org-ia
Asunto: Tu puto perro
Bueno, yo antes lo hacia con mi grillo pero cuando me creció lo reventé. Y eso que le había puesto cinta de más (como dice el pirao de arriba) A partir de entonces solo follo mosquitos. Estáis enfermos, piraos.

De: Pepito Grillo
Asunto: RE: Tu puto perro
Hola, soy el grillo del de arriba, y he de decir que no exploté, sino que le dejé porque no me satisfacía, no me llenaba. Así que me he buscado un saltamontes nacido en Ondarreta. Sí, la usa como una metralleta.

De: Yo
Asunto: citas
Trabajo en una tienda de animales, organizo citas íntimas, prometo discreción, todas las razas, caniches, mastines, incluso loros que saben decir cosas guarras mientras te los follas……..XDDDDDD que desproporción, que panda de pasaos. Saludos.

A mi me da igual a quien se folle la tía esta, pero gracias a todos estos que han escrito en este foro, por esta media hora de lectura en el curro que ha sido la mas divertida que recuerdo en estos meses. Espero os guste también a vosotros.

1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas ¡CLIC EN LAS ESTRELLAS PARA VOTAR! (10 votos, 4.6 sobre 5)
Loading ... Loading ...

Tratando de apaciguar a Bob

16 de June de 2006 por carlitos

Todo empezó hace dos años en Tailandia. Había disparado una salva de liquimierda verde de chiles dentro de uno de esos agujeros que los asiáticos llaman “retretes”. Entonces noté una extraña sensación por dentro de mi esfínter que vino acompañada de una emisión de sangre de color rojo brillante.

Después de haber vivido en Asia durante seis meses, creí que había experimentado prácticamente todas las dolencias de colon conocidas por la humanidad: gusanos, quemazones, y diarreas impresionantes. Pero esto era algo completamente diferente. Era una sensación única, que ahora sé que era el desgarramiento de mi ano.

Bob acababa de presentárseme.

Al principio Bob no era tan malo. Un picor y una incomodidad ocasional; nada que no pudiese soportar. Un supositorio con olor a menta de vez en cuando parecía acabar con el problema.

Pero hace algo así como un año, mi cruel amo Bob empezó a exigir más y más de mí. Los picores de una intensidad que sólo se puede describir como “infernal” estaban a la orden del día. Tenía permanentemente una mancha marrón en mi dedo índice de tanto intentar rascarme el interior del colon a través de mi dolorido ano.

Había perdido completamente toda noción de decoro. A menudo andaba en público con una mano dentro de mis pantalones, con un dedo firmemente implantado, tratando de apaciguar a Bob el dios maligno. En mi tiempo libre soñaba con modificar algunas herramientas para acabar con la desquiciante picazón. Incluso llegué a comprar una lima.

Al final me fui a ver un médico. Rápidamente me diagnosticó hemorroides y me dejó marchar con una receta de Hemlubetm en dosis industriales. El doctor nunca llegó a ver a Bob, que se había escondido dentro de su madriguera al ver acercarse a su único enemigo natural, el practicante de medicina.

Esta visita sólo consiguió enfadar a Bob, que decidió aterrorizarme. Empecé a estar condicionado en contra de la defecación, de forma que sólo me podía acercar a la taza con un rechinar de dientes. Cuando el tubo de chocolate descendía, notaba cómo mi recto se rasgaba igual que la cortina del Tabernáculo. Bob se reía. Bob se reía.

Después de muchos meses pude encontrar una doctora que me ayudase. Ella hizo su diagnóstico con una linterna sujeta entre sus dientes. La había conocido en un bar y Bob fue atacado por sorpresa, no estaba esperando una inspección nocturna en mi comedor. “No es ningún problema,” me dijo.

Me pusieron en una lista de espera para exorcizar a Bob de mi parte más delicada. Mi cirujano me informó de que la forma más efectiva de tratar con Bob era un procedimiento llamado DILATACIÓN ANAL VIOLENTA. ¡No me lo estoy inventando! Nos anestesiarían a Bob y a mí, y después dilatarían mi culo hasta alcanzar un diámetro que jamás había experimentado. El mayor de mis temores era medio despertarme durante la operación y ver por el rabillo del ojo a algún médico abrochándose la bragueta.

Bob pareció resignarse a su destino, y empezó a comportarse con más calma. Pasamos una buena cantidad de tiempo cantando juntos y recordando los dos años que habíamos pasado acompañándonos. Hablamos de la vida que viene después de esta, y yo le apaciguaba con una dieta especial que contenía mucha avena.

Yo esperaba que Bob fuese valiente.

El hospital me mandó una medicina que tenía que tomarme la noche anterior a la operación. Consistía en una sobredosis de algún laxativo y dos supositorios del tamaño de una lavadora.

Al llegar la noche me tomé las píldoras y me metí uno de los agitadores de chorizos de intensidad industrial. Alrededor de las 10:00 de la mañana empecé a notar la necesidad, y a las 10:15 ya estaba sentado en mi trono disfrutando de la mayor evacuación de mi vida. Todo (y quiero decir TODO) lo que no era equipo originalmente mío se puso a correr alocadamente hacia la salida.

¿Suena divertido? Bueno, al principio lo fue. Pero entonces las cosas empezaron a complicarse.

Me había vaciado de pecho a espalda. “Ya está bien,” pensé. Las cosas se tranquilizaron, me di una ducha, y me fui a la cama.
Me desperté a las 4:00 y me metí el otro supositorio. Error. A las 5:00 estaba siendo víctima de unas horribles arcadas rectales. No me quedaba nada que cagar, pero mi colon estaba recibiendo una señal química que le ordenaba evacuar a toda costa. Lo que había empezado como diversión estaba convirtiéndose rápidamente en una pesadilla.
Llegué al hospital a las 9:00, y me recibió una enfermera que parecía pertenecer a la Federación Mundial de Lucha Libre. Le entregué mis pantalones y fui obsequiado no con uno, sino con dos enemas. Me explicó que habían mezclado alguna sustancia química para “ayudarme a limpiarme.”

Una vez más empecé a intentar desesperadamente el deshacerme del contenido de mi aparato digestivo, que había estado vacío desde la noche anterior. Estaba sentado en un retrete y mi esfínter se retorcía con fuerza para hacer pasar una mierda fantasma que tenía que estar allí. Empecé a tener unos dolorosos retortijones. Muy dolorosos. Durante la siguiente media hora pareció como si mi culo hubiese sido machacado cruelmente con un bate de béisbol.

Me llevaron a un quirófano donde conocí a uno de los pocos médicos del planeta que todavía no me habían metido su dedo en el culo. Me explicó que mi operación iba a ser retrasada una semana porque habían decidió hacer un análisis más.

Llegado este punto, creo que debería aclarar que soy un norteamericano viviendo en Finlandia. Sí, sé algo de finés, pero no estaba demasiado familiarizado con la jerga de los proctólogos finlandeses.

Si hubiese sabido qué es lo que iba a ocurrir, no me habría tumbado jamás sobre esa mesa. ¡EL ENDOSCOPIO! ¡AY! ¡No dejéis nunca que os hagan esto! ¡No importa lo que os digan! Da igual lo que insistan y supliquen, creedme, la muerte es preferible.

Lo que ocurrió es que un doctor metió una manguera con 60 centímetros de fibra óptica dentro de mis posaderas. Tenía un aparato para ver en un extremo, y un dispositivo para bombear aire dentro de mi colon en el otro extremo. Mientras manipulaba el tubo podía notar cómo el extremo interior se movía por todo mi colon. Podía imaginarme la luz brillante recorriendo el laberinto de esfínteres y válvulas. Me recordó una motocicleta de carreras con las luces encendidas atravesando el Túnel de Holanda.

El dolor cortante era intensísimo. En una ocasión sentí como si la cosa estuviese aplastando mis pulmones. Sin lugar a dudas noté que estaba intentando entrar a través de la puerta a mi estómago. Empecé a sudar copiosamente. El mundo empezó a girar. Tuve un par de arcadas, pero mi estómago no había nada que vomitar.

Así que allí estaba, tumbado en pelotas sobre una fría mesa de metal con un endoscopio metido en mi culo inflado con aire, cuando se me ocurrió un plan para vengarme. Apreté con todas mis fuerzas mi diafragma contra la cámara presurizada que era mi colon. Un tremendo pedo húmedo salió ruidosamente por alrededor de la manguera, acompañado del insoportable hedor a materia fecal. Una pequeña sonrisa apareció en mis labios. El doctor y la enfermera hicieron como si no hubiese ocurrido nada, pero unos segundos después sacaron el tubo de mi culo y la enfermera tuvo que limpiar mi culo manchado de liquimierda.

No hará falta decir que todos nos lo pasamos bien.

El día de mi operación pospuesta llegué al hospital de buen humor. Me mostraron mi cama y me dieron la batita de paciente con un botón en la espalda. A pesar de que la operación ocurriría a la una y media, me obligaron a cambiarme al principio de la mañana. Me imagino que es una indignidad obligatoria para humillar y degradar a los posibles camorristas.

Quizás se había corrido la voz de que yo había estado haciendo preguntas sobre la operación. ¿Qué clase de medicinas me iban a dar? ¿Mi doctor había hecho esto antes? Parece que al personal médico de por aquí no le gusta ser investigado por extranjeros con desgarros anales.

Hizo falta un montón de explicaciones tan sólo para conseguir que me dieran un video de la operación. Tuve que convencer a mi médico de cabecera para que lo solicitara él. (Después me han explicado que la mayoría de las operaciones se graban, pero que no suelen darle las cintas al público.)

Estaba dormitando en la cama cuando noté un dolor agudo en mi culo. Giré la cabeza y vi a una enorme mujer con aspecto de haber tenido una docena de hijos, que estaba armada con una bolsa para dar enemas. Presumiblemente, la causa de mi malestar era ella y su embudo de juergas. Tenía una técnica admirable: probablemente pensó que yo iba a estar dormido hiciese lo que hiciese, así que podía ser tan delicada como un elefante en celo. Bob empezó a pedir socorro mandándome ondas de dolor, y yo respondí gritando. Ella sonrió y, mientras me llenaba el culo de agua, me acarició la cabeza como si yo fuese un perrito faldero.

Miré alrededor y me di cuenta de que no estábamos solos en la habitación. A menos de 3 metros de mí había una mujer cubierta de varices con dos de sus hijas. Las tres estaban mirándome de reojo. Sonreí con la mejor mueca posible e intenté disfrutar la violación.

A la una apareció mi doctor para darme un poco de palique. Cuando extendió la mano para saludarme, lo primero que noté es que le temblaba la mano. Bueno, en realidad parecía más un tic. ¡De verdad!
“Hoooola”, dijo con una sonrisa pobremente finjida que descubrió sus grandes dientes amarillentos. “Heblo ingles macho malo”.

“Eh, hola”, tartamudeé. “Yo hablo un poco de finés; ¿por que no intentamos comunicarnos así?”

“Vale.”

Hablamos de lo típico, hasta que de repente dijo “te vamos a abrir un nuevo culo.” No, no me lo estoy inventando. Para entonces yo ya no estaba muy seguro de qué es lo que estaba ocurriendo a mi alrededor, y estaba considerando seriamente la posibilidad de levantarme e irme. Yo ya conocía a Bob, y era algo que podía entender. Pero este cirujano era algo diferente. Un desconocido con licencia para dilatar.

Me dio dos pastillitas blancas para tragar. “Que te relajan para”, dijo. ¡Bien, este tipo había empezado a hablar mi lenguaje! Quizás esto no fuese a ser tan malo después de todo. “Nos vimos en quilófano”, dijo, y se fue.

Empecé a sentirme un poco alegre, y entonces aparecieron dos asistentes. Cloqueaban por lo bajo en finés. Quien sabe de qué estarían hablando. Yo me limité a mover mi cabeza de un lado a otro estúpidamente. De todas formas no podría haberles respondido porque mi lengua se había quedado pegada a mi reseco paladar. Me metieron en una camilla y mientras me arrastraban iba contando el número de placas en el techo del pasillo.

Y por fin llegué a las dos grandes puertas del quirófano, donde me recibieron los otros, ya enfundados en sus batas verdes de operar. La escena parecía un intercambio de prisioneros en un puente durante la guerra fría. Los dos que me transportaron me desearon una feliz dilatación, le dieron mi fichero a los otros, y me dejaron solo con el equipo de expansionadores.

A todo esto, mientras entrábamos en la sala de operaciones, empecé a sentirme bastante inquieto. Mi lengua se había convertido en un trapo viscoso dentro de mi boca. Me subieron a la mesa de operaciones. El anestesista apareció y, sin decirme ni hola, empezó a dar golpecitos en mi antebrazo para encontrar una vena adecuada. Intenté saludarle pero lo único que salió de mi boca fue un horrible quejido.

Fui despojado de mi escasa vestimenta y me dejaron allí tumbado, solo y desnudo. Miré hacia abajo y contemplé con horror que mi pene y testículos se habían encogido y retirado dentro de mi abdomen. Quizás ellos lo habían visto antes que yo y estaban intentando avisarme, porque detrás de ellos estaba, en una bandeja de acero, el objeto de mis temores entre otros ingenios de extraña apariencia.

Era una especie de ariete anal.

De acero inoxidable, unos 30 centímetros de longitud, y con dos asas atornilladas. Parecía un termo con dos asas.
Para entonces, el anestesista ya había encontrado una vena. Todavía no había dicho nada, pero yo pude decirle “¿Que tal un válium para ir empezando?”

Me sorprendió hablando un inglés perfecto. “Aquí”, dijo, “toma esto”. Inyectó algo en una vena de mi brazo que inmediatamente hizo que me sintiese seguro y como si estuviese en casa. ¡Se habían acabado los problemas! Volví a mirar al invasor anal y me reí de él.

Mientras todo esto ocurría, las enfermeras estaban bastante ocupadas fijando unas barras de acero a los lados de la mesa de operaciones. Encima de estas barras habían unos bloques de plástico cuya forma sugería que estaban diseñados para albergar mis muslos: una variación más comprometedora de los apoyos que se usan para mirar a las mujeres. El video demostró que mi teoría era correcta. El anillo de mi culo sería pronto iluminado y expuesto, casi al nivel de los ojos de los portadores de la herramienta dilatadora.

El dilatador jefe apareció en el quirófano, haciéndole un gesto al anestesista. Éste inyectó en mi vena el contenido de una gran jeringuilla con algo dentro que parecía vaselina, y me dijo “nos vemos luego”. Intenté resistirme, tan sólo para ver si podía. Lo último que recuerdo es una irresistible cabezada.

Fue tan sólo después de la operación, al ver el video, cuando descubrí el horror que ocurrió a continuación.

Es extraño verte tirado sobre una fría mesa, con tu pene retraído, y quedándote inconsciente. Inmediatamente después de quedarme dormido, una enfermera pone una máscara de goma en mi cara. Dos ayudantes elevan mis muslos para ponerlos en los apoyos y me empujan hacia abajo de forma que mis tobillos se quedan doblados hacia mi cabeza. Una enfermera coge lo que queda de mis genitales y lo quita de enmedio, mientras otra me pinta apresuradamente el culo con desinfectante rojo.

El doctor no pierde el tiempo, y antes de que preguntes “¿se ha quedado ya dormido?” ha metido dos dedos dentro de mi culo. Palpa alrededor y le pega un empujón a mi próstata. Juro que eyaculo una carga de fluido encima de mi barriga, donde se queda descansando durante el resto de la operación. El doctor emite un gruñido de satisfacción y agarra el dilatador.

Las enfermeras usan una jeringuilla grande para chorrear algún lubricante sobre y alrededor de mi culo. Entonces el cirujano inserta la punta de la unidad dilatadora y empieza a girarla a un lado y a otro. Pronto consigue tener mi sufrido ano completamente dilatado. Y quiero decir dilatado. Ahí estoy, fuera de combate, con un termo de acero dentro de mi culo. Cada medio minuto el doctor le da una vuelta entera al monstruo.

Todo el mundo parece bastante aburrido, especialmente yo.

Después de una media hora de este procedimiento, el doctor saca el dilatador y METE SU MANO ENTERA DENTRO DE MI CULO. Esta es la mejor parte del video. Si te has tomado unas cuantas copas y lo miras de reojo, parece una película pornográfica realmente pervertida.

El doctor menea su cabeza con un gesto de satisfacción y las enfermeras se preparan a limpiar. Alguien tiene el detalle de limpiar mi lefotada de mi barriga. Otra persona recoge la sangre de mi culo.

Entonces me inyectan alguna otra cosa en el brazo y retiran la máscara de mi cara. Un enfermera me agita vigorosamente y mis ojos se abren vacilantemente. “¿Hemos acabado?”, pregunto con unos ojos increíblemente brillantes. Todo el mundo en el quirófano asiente. “¡He soñado!”, digo. “¡Jo, me siento estupendo!”

Se acaba el video.

Después de la operación, Bob ha seguido con su carácter habitual. De hecho, ha sido incluso peor de lo normal. Había estado esperando una muerte súbita, y cuando se despertó, creyendo que había sobrevivido a un intento de asesinato, estaba más cabreado y motivado que antes. Se sentía traicionado.

Pero ahora está por fin empezando a calmarse. La parte más dura de esta lenta estrangulación es que puedo sentir cómo muere. Gruñe y se queja como cualquier paciente terminal. Debo llevarle conmigo a todas partes. Somos como dos hermanos siameses. ¿Podré sobrevivir sin mi simbionte?

También hay noticias buenas, mi culo consiguió volver a tener unas dimensiones aceptables. De verdad que un culo es una máquina increíble.
Lo celebré todo con una pequeña fiesta el día de Navidad. Después de la cena pusimos el video. Pasaron veinte minutos antes de que alguno de los asistentes se diese cuenta de que la víctima era yo. Se debieron creer que era un documental sobre alguna tecnología moderna o algo así.

1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas ¡CLIC EN LAS ESTRELLAS PARA VOTAR! (3 votos, 4.67 sobre 5)
Loading ... Loading ...

Informe de accidente laboral

09 de June de 2006 por carlitos

Un albañil tuvo un accidente de trabajo. Rellenó los papeles necesarios para cobrar el seguro. Sin embargo la empresa aseguradora no creyó el informe médico y le pidió más detalles de cómo sucedió ese accidente. Esta es la carta que les mandó el albañil (verídico):

Acababa yo de terminar un trabajo en el sexto piso de un edificio en construcción y me habían sobrado unos doscientos cincuenta kilos de ladrillos. En de cargarlos hasta la planta baja, a mano, decidí colocarlos en un barril y bajarlos con la ayuda de una roldana que felizmente se hallaba fijada en una viga en el techo del sexto piso.

Bajé hasta la planta baja, até el barril con una soga y, con la ayuda de la roldana, lo levanté hasta el sexto piso, atando el extremo de la soga a una columna de la planta baja. Seguidamente subí al sexto piso y cargué todos los ladrillos en el barril.
Volví a la planta baja, desaté la soga y la agarré con fuerza de modo que los doscientos cincuenta kilos de ladrillos, bajasen suavemente. Debo indicar que en el número uno de mi declaración a la policía he indicado que mi peso corporal es de ochenta kilos.

Sorpresivamente mis pies se separaron del suelo y comencé a ascender rápidamente arrastrado por la soga. Debido al susto perdí mi presencia de ánimo, es decir, quedé sin consciente e irreflexivamente me aferré más aún a la soga mientras ascendía a gran velocidad. En las proximidades del tercer piso me encontré con el barril que bajaba a una velocidad aproximadamente similar a la de mi subida y, llegados a este punto del tercer piso me fue imposible evitar el choque. Creo que allí fue donde se produjo precisamente la fractura del cráneo.

Continué subiendo agarrado a la soga hasta que mis dedos se engancharon dentro de la roldana, lo que provocó la detención inmediata de mí subida y también las quebraduras múltiples que padezco de los dedos y de la muñeca. A esta altura de los acontecimientos yo ya había recuperado mi presencia de espíritu y, pese a los dolores, continué aferrado a la cuerda. Pero fue en ese instante que el barril chocó contra el piso, su fondo se partió y todos los ladrillos se desparramaron, es decir, si aplicamos la lógica el barril pesaba aproximadamente veinticinco kilos y, debido a un principio simplísimo comencé a descender rápidamente hacia la planta baja. Aproximadamente y, de nuevo, al pasar por el tercer piso me encontré con el barril vacío que subía. En el choque que sobrevino, estoy casi seguro que se produjeron las fracturas de tobillos y de la nariz. Este choque felizmente hay que decirlo, disminuyó la velocidad de mi caída, de manera que cuando aterricé sobre la montaña de ladrillos solo me quebré tres vértebras.

Lamento sin embargo informaros que cuando me encontraba caído encima de los ladrillos con dolores insoportables, sin poder moverme y viendo encima de mí el barril, perdí nuevamente mi presencia de espíritu y, claro, solté la soga.
Debido a que el barril pesaba más que la cuerda, este descendió rápidamente y cayó sobre mis piernas quebrándose las dos tibias.

Y esperando haber aclarado definitivamente las causas y desarrollo de los acontecimientos, me despido atentamente.

1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas ¡CLIC EN LAS ESTRELLAS PARA VOTAR! (6 votos, 4.67 sobre 5)
Loading ... Loading ...
  • Página 1 de 2
  • 1
  • 2
  • >